Viajes

Guía de Split, una ciudad hecha de historia

Hoy la protagonista de Viaje al Sol es Split, nuestra tercera parada en Croacia y ciudad a la que llegamos procedentes de los lagos de Plitvice, de los que te hablamos hace una semana. Split es una localidad de más de 200.000 habitantes ubicada en la costa dálmata, en el Adriático. Nada más llegar parece una urbe del montón, incluso fea, pero nada más lejos de la realidad, ya que en su interior esconde una joya.

Y es que, lo que más llama la atención de Split es su centro urbano, ubicado desde hace siglos dentro de los restos de un palacio, el de Diocleciano, uno de los últimos emperadores romanos. La grandeza de Split, más allá de otras cosas, reside en eso, y en la gracia de andar entre ruinas, antiguas plazas e iglesias rodeadas de viviendas en las que hoy en día viven unas 3.000 personas, en un paisaje en el que se funde el pasado con el presente.

Así, podemos estar viendo una columna romana de hace siglos, que está al lado de una esfinge egipcia, alzar la cabeza y ver como una señora tiende unas sábanas. ¿Curioso? Más bien encantador.

Si con Zagreb dijimos que necesitábamos un día para verlo, con Split sucede lo mismo. Hay quienes no lo ven en una tarde, cogen el coche y van a la siguiente ciudad. No es nuestra forma de viajar en cualquier caso. Preferimos la calma y aún así a veces nos falta tiempo, pero con organización 24 horas son suficientes.

Transporte hasta Split y alojamiento

Como ya hemos dicho otras veces, nuestra estancia en Croacia (dentro de nuestro gran viaje por Europa) la facilitaron los autobuses y en este caso la cosa no fue diferente. Llegamos a Split desde los lagos de Plitvice, desde los que salimos a eso de las 9.30 horas. El trayecto son poco más de cuatro horas, pero hemos de decir que los autobuses croatas nos sorprendieron para bien. Todos son relativamente nuevos y cómodos. Además tienen wifi. El trayecto lo hicimos con la compañía Prijevoznik y como siempre lo cogimos en Get by Bus con unas semanas de antelación.

La estación de autobuses de Split no es muy grande. Está al lado del puerto y de la estación de tren y siempre suele estar bastante llena, más por los turistas de los barcos (desde Split podemos ir a varias islas) que de los propios autobuses. Y es que, lo bueno de esta ciudad es que está muy bien comunicada, así que es probable que encontremos transporte directo desde nuestro origen. Como en todos los lugares con aglomeraciones, ojo con los objetos personales.

Desde la estación nos desplazamos a Dalmatian House, nuestro alojamiento por una noche. Sinceramente, escogimos este lugar porque estaba cerca de la estación de autobuses y cerca del centro. A estos dos sitios se tardaba unos cinco minutos en llegar andando desde el alojamiento, algo importante teniendo en cuenta el factor equipaje-cansancio. Todas las habitaciones incluyen hervidor eléctrico, nevera y baño con ducha. En Split hay muchos baños compartidos, así que el que fuese privado era un punto a favor. También que tuviese nevera para meter agua embotellada. El precio fue de 62 euros por noche, 13% IVA e Impuesto municipal incluido y la propietaria fue la persona más maja que nos encontramos en el viaje por Croacia, así que poco más que decir.

Es importante reservar el alojamiento con antelación. Split en verano, como Dubrovnik, suele llenarse y si queda algo es lo peor, lo más caro…

Una vez dejamos las cosas, fuimos directos a comer tras un vistazo rápido del centro, del que hablaremos en breve.

¿Dónde comer?

Cuidado con el asunto de la comida. Comer en Split puede salir muy bien de precio o puede suponer un buen disgusto. Igual que en Zagreb no hay problema, aquí hay restaurantes (pocos, por fortuna) que se aprovechan del turista. No llega al nivel de Dubrovnik ni de otras ciudades europeas muy turísticas, pero ojo con lo que pedimos, con los impuestos, con el precio del cubierto, propinas, etc. Lo mejor es comer en un sitio del que nos fiemos y para eso lo mejor es consultar portales tipo Tripadvisor o guías de viaje. Nosotros comimos en uno de los muchos restaurantes del paseo marítimo por un precio bastante elevado para ser Croacia (20 euros por persona al cambio de kunas) y para lo que comimos, que fue un risotto para una persona y un pescado para otra, con dos bebidas y aperitivo. Teniendo en cuenta que la calidad no era muy buena…Ya sabéis la amarga sensación de ser ‘timados’, ¿verdad?

Nuestra recomendación es que vayáis a una pizzería o similar y evitéis sitios de pescado, marisco y similar. Salvo que lo tengáis muy claro, mejor ir a algo fijo. En el centro hay una pizzería que se llama None, que probamos a la hora de cenar, donde se come muy barato y las pizzas están más que decentes. Hay además sandwiches, tartas…Podemos comer de pie, sentados (si encontramos sitio) o podemos optar por llevarnos la comida. Nosotros optamos por esa opción.

Otra recomendación de unos amigos cercanos que no pudimos probar es Kantun Paulina. Por menos de 5 euros por persona se come muy bien, según dicen. Lo más típico son las albóndigas de carne en panes cortados (lepinias, un bocadillo autóctono). También recomiendan el bocadillo de salchichas y filete de pollo. El local es pequeño y es complicado sentarse, pero Split está lleno de bancos y escaleras en los que hacer un paréntesis…

Obviamente, si nos alejamos de la ciudad antigua, la oferta gastronómica crece y la calidad también a la vez que baja el precio.

¡En Marcha!

Una vez dados estos consejos, llega la hora de echar a andar. En Split nos vamos a pasar probablemente el día andando de un lado a otro, pero las distancias no son enormes. Y va a merecer mucho la pena.

En Split, cada monumento y palacio dentro de la ciudad antigua tiene su historia. Obviamente todo gira en torno al palacio de Dioclesiano. Éste fue construido por encargo del emperador romano del mismo nombre entre los siglos III y IV d. C. para pasar sus últimos días (la jubilación…) tras abdicar en el año 305.

Dioclesiano construyó un complejo conformado por un rectángulo irregular que abarcaba 190 metros de este a oeste, 151 metros en el lado norte y 157 en el sur.

Tras su muerte, el palacio vivió diferentes etapas. En el año 614 los ávaros destruyeron la vecina Salona y sus habitantes se refugiaron en el palacio, que convirtieron en su casa. Vamos, que ‘okuparon’ el lugar.

Desde ese momento pasaron por Split y por las instalaciones los bizantinos, los francos, otra vez los bizantinos, los venecianos, turcos, austriacos, franceses, etc. Se añadieron cosas, se quitaron otras, se construyeron edificios, se restauraron casas…En total, 17 siglos de arquitectura de todos los estilos.

Y así, a modo de resumen, se puede explicar como todo tipo de culturas han contribuido a convertir el palacio en una mezcla de lo más variopinta en la que podemos encontrar desde restos romanos a calles medievales o palacios renacentistas. Y de repente, entre todo eso, una esfinge egipcia y la señora del tercero observándonos mientras hace la colada. Maravilloso.

Sea como sea, el palacio de Diocleciano es el punto de partida desde el que la ciudad ha ido creciendo y hoy en día viven allí 3.000 personas. La ciudad está instalada en el palacio y el palacio en la ciudad y andando pasaremos de una época a otra sin darnos cuenta.

Una de las primeras cosas que vimos al llegar fue el Peristilo, el tribunal central que se encuentra en el centro del palacio y que llama la atención por su buena conservación. Se encuentra cerca de la puerta norte, la Puerta de Oro, la principal, y que es uno de las cuatro accesos al recinto. El resto son la puerta sur, que da al mar (la de Bronce), la puerta occidental (la de Hierro) y la oriental (la de Plata). Aunque os suponga un esfuerzo, merece entrar por todos los accesos y andar de arriba a abajo para conocer mejor este lugar tan bonito, perdiéndose también por sus callejuelas.

Otros restos arqueológicos importantes que no podemos dejar de ver son el Templo de Júpiter y el Mausoleo de Diocleciano que ahora es La Catedral de San Diomo, con campanario de estilo románico-gótico al que podemos subir previo pago.

Seguro que no pasaréis por alto las esfinges. Una de ellas está en el Peristilo y la otra enfrente del templo de Júpiter. Fueron traídas desde Egipto para que disfrutase de las mismas Diocleciano, que se ve que era bastante caprichoso.

También recomendamos visitar los sótanos del palacio. Se accede a ellos por la puerta sur. Son los sótanos de las antiguas dependencias y os darán una idea del tamaño del palacio. Permanecieron desocupados durante siglos y los habitantes lo convirtieron en un vertedero. ¿Cómo? Abriendo agujeros en el suelo de sus casas y tirando la basura por ahí. Sin embargo, gracias a esa porquería los sótanos se conservaron en perfectas condiciones. Se empezaron a limpiar en 1956 y ahora están abiertos al público por 3,50 euros.

Otro lugar encantador es la zona en la que está ubicada la estatua de Gregorio de Nin de Ivan Meštrović. Dicen que si frotamos los pies de la estatua tendremos buena suerte.

Gregorio de Nin fue un obispo croata que se opuso al Papa y a la oficialidad d la Iglesia. La obra está ubicada fuera de la ciudad antigua, al norte del palacio, enfrente de la puerta de Oro.

Fuera de la ciudad antigua cabe destacar la plaza Narodni o plaza del Pueblo, una plaza preciosa rodeada de palacios en la que nos llamará la atención la torre del reloj del siglo XV (foto principal de este post). En una esquina está el palacio de Ciprian y también podemos ver el edificio del antiguo Ayuntamiento. Al este de la puerta de Plata está el animado mercado de la plaza Narodnog ustanka.

Fuera de lo que son vestigios históricos recomendamos una vuelta por el paseo junto al mar. Antes de irnos de la zona más interesante, hemos de contemplar la Plaza de la República, que recuerda (y mucho) a la plaza de San Marcos de Venecia.

Monte, playa…

Si no hemos tenido suficiente o/y si tenemos tiempo, podemos subir a la colina Marjan, desde donde veremos unas impresionantes vistas de Split.

Marjan tiene tres picos, tres puntos panorámicos, a diferentes alturas (la cumbre está a 178 metros sobre el nivel del mar) en los que podremos disfrutar de una bonita postal de Split, el mar y relajarnos mientras paseamos entre iglesias y ermitas. El atardecer es simplemente brutal. 

En Split también hay playas pero no son ninguna maravilla. Tenemos Bacvice al sur de la ciudad, pasada la estación de tren. Es la playa principal de Split, pero no creemos que os conquiste.

Debajo del monte Marjan está la playa de Kasjuni, en la prolongación del paseo Šetalište Ivana Meštrovića, otra alternativa para pasear por la tarde.

Además, si vamos en verano, Split nos ofrece multitud de actividades, como el Festival de Verano, con conciertos y teatro al aire libre entre el 15 de Julio y el 15 de Agosto.

Y hasta aquí nuestra pequeña guía de Split. La próxima semana hablaremos de Dubrovnik, nuestra última parada en Croacia, a la que llegamos tras pasar un día en Móstar.

Arturo Carretero
Trabajando para Republica.com y dedicando parte de mi tiempo libre a Viajealsol.com. Amante de los viajes, los deportes y el ocio en general