Viajes

Guía de Sicilia, la isla italiana que atrapa y enamora

Sicilia es la isla más grande de Italia y está separada del continente por el estrecho de Messina. Es la mayor isla del Mediterráneo y a su vez contiene otras islas más pequeñas. Habitada por más de cinco millones de personas es sin duda una de las islas más bonitas de Europa (y del mundo).

Hoy os vamos a contar en primera persona el viaje que nosotros hicimos hace más de dos años a este bello rincón de Italia durante 12 días, tiempo suficiente para disfrutar de Sicilia, aunque cuantos más días, obviamente, mejor.

Vamos por partes. Para empezar, lo mejor es comprar los vuelos con antelación. Nosotros lo hicimos con tiempo a través de Ryanair y nos salió bastante bien de precio teniendo en cuenta que era verano. Elegimos como inicio del viaje Catania y como última parada Palermo, siendo la ida y la vuelta para dos personas 300 euros en total, 150 cada uno tasas incluidas. De todas formas es un destino asequible para ir en otras fechas y podemos encontrar vuelos fácilmente por 25 euros. Nuestro consejo es consultar Skyscanner, un comparador de vuelos que nos facilitará bastante las cosas.

Queríamos un viaje en el que ver muchas cosas pero que además fuese relajado, por lo que teníamos claro que queríamos pasar ‘más días’ en el primer y último destino.

Catania (Sicilia)En Catania estuvimos dos noches. No es precisamente la ciudad más bonita de Sicilia, pero tiene algo que nos encandiló. Sus edificios antiguos y ennegrecidos (muchos destrozados) son para verlos. Lo mejor es descubrirla a pie.

Los sitios imprescindibles son la Piazza del Duomo, la Via Etnea y la Via Crociferi y las ruinas del anfiteatro romano, en pleno centro. Recomendamos comer barato en L`Etoile d’Or, en el que comimos uno de los días, y hospedarse en el mismo hotel que nosotros: el Regina Margherita, económico y limpio. De todas formas, si hay tiempo, hay que comparar: Destinia, Booking, en la web del propio hotel…

Muy cerca está el volcán Etna, cuyas erupciones han afectado en numerosas ocasiones a los habitantes de Catania. Hay varias empresas para hacer excursiones (se pueden contratar en el mismo hotel). Nosotros sin embargo (siempre a contracorriente) decidimos hacer el Circumetnea, un tren que recorre la base del Etna y nos permite ver un paisaje volcánico único. Partimos de la estación de Catania Borgo (más información aquí) y disfrutamos de un trayecto único, inaugurado en 1898.

Tras unos días inolvidables en Catania, el siguiente destino fue Taormina, a la que llegamos en tren en apenas 40 minutos. No lo hemos dicho, pero en este viaje prescindimos del coche, moviéndonos exclusivamente en transporte público y privado (en el caso de los barcos). Los billetes de tren se pueden comprar a través de http://www.trenitalia.com/ y son bastante económicos (unos cuatro euros). También se pueden comprar en la misma estación, por lo que podéis incluso improvisar.

Taormina se extiende por el monte Tauro y la estación está a nivel del mar, por lo que es obligatorio coger un transporte hasta arriba. Si no llevamos coche lo mejor es el autobús. Mientras ascendemos contemplaremos unas vistas impresionantes.

Para alojarnos escogimos el President Hotel Splendid, que tenía muy buenas vistas al mar y que no era precisamente barato, siendo la relación calidad/precio bastante deficiente. Hay otros sitios mejores, aunque las vistas mereciesen la pena. De todas formas no hay que olvidar que estamos hablando de un destino caro, sobre todo en verano.

Como solo teníamos un día, o más bien una tarde, decidimos comer rápido en Luraleo Nº Two que tiene buenas pizzas al corte al lado de la puerta de Catania. No es el mejor, pero sí es de los más baratos. Y el bolsillo lo agradeció.

En lo que a turismo se refiere es imprescindible ver el Teatro Griego (mejor si lo vemos al atardecer), con el mar al fondo, el Corso Umberto y el Palazzio dei Duchi di Santo Stefano.

Taormina tiene playas, pero realmente si vamos a estar poco tiempo no merece la pena, ya que se llenan mucho y están encajonadas entre la vía del tren y el agua. No son imprescindibles.

Tras pasar la noche en Taormina, seguimos nuestro viaje en tren rumbo a Milazzo, ciudad en la que cogimos un ‘aliscafo’ hacia Lipari, una de las siete islas Eolias. Para ir de la estación al puerto lo mejor es el autobús o un taxi. El billete de ida y vuelta Milazzo-Lipari lo cogimos de forma anticipada a través de Siremar para que no hubiese ningún problema (36 por persona ida y vuelta). El trayecto es de apenas una hora.

El plan era quedarnos en Lipari dos días y dedicar uno de ellos a hacer una excursión a la isla de Vulcano.

En Lipari nos hospedamos en Le Terazze, situado cerca del puerto e ideal para descansar, aunque caro (ya hemos advertido que alojarse en Sicilia en verano…). De todas formas (insistimos), cuanto antes reservemos mejor. Hay que tener en cuenta que nos costó unos 100 euros la noche.

Lipari (Sicilia)

Es un destino ideal para descansar y lo cierto es que tiene un gran atractivo. En la localidad podemos encontrar vestigios neolíticos desperdigados en distintos edificios de la ciudad vieja, ideal para pasear al atardecer. Y unas vistas que quitan el hipo…(como la de la foto que puedes encontrar encima de este párrafo).

Tras un primer día de relax y de cenar bastante barato (11 euros por persona con un menú de noche bastante barato y bueno, teniendo para elegir varios restaurantes similares) fuimos a Vulcano en otro ‘aliscafo’, llegando al destino en apenas diez minutos (7 euros por persona aproximadamente) para subir al cráter y ver una de las panorámicas más bonitas que existen en Europa.

El ascenso al volcán es un paseo agradable que bordea el cono montañoso en menos de una hora, aunque hay alguna zona en la que los que tienen miedo a las alturas es mejor que no miren. Hay algún obstáculo en el camino, pero ninguno que sea insalvable. En resumen, no hace falta ser un deportista de élite para subirlo, aunque tener una buena forma física ayuda a no sufrir lo más mínimo.

Al llegar a la cima, truncada por un gran boquete de 500 metros de diámetro y que destila vapores ardientes de azufre con olor a huevo podrido (el que avisa no es traidor) se abren unas bonitas vistas, con Lípari y Salina en primer plano y Filicudi y Panarea recortadas en el horizonte. Solo esa vista hace que merezca la pena el viaje.

Eso sí, ojo con el calor en verano; obligatorio agua y crema (tampoco viene mal algo de fruta). Y obligatorio madrugar para que el sol no nos pille en el momento más crítico del día a la subida. En Sicilia (ya lo comprobaréis) las temperaturas son muy altas y la humedad nos hará sudar como pocas veces.

También son destacables los famosos baños de barro, aunque el olor a huevo podrido sigue estando presente, por un módico precio. A los lugareños les encantan.

Tras pasar el día en Vulcano regresamos a Lipari. Después de una cena en Da Marisa, nos fuimos a descansar. Al día siguiente tocaba visitar Cefalú, penúltimo destino en nuestro viaje.

Nos levantamos pronto, desayunamos fuerte y nos dirigimos al puerto para coger de nuevo el ‘aliscafo’ hacia Milazzo. Una vez allí, cogimos un autobús hacia la estación de tren, desde donde nos dirigimos a Cefalú. Allí, nos decidimos hospedar en una especie de bed and breakfast (B&B Pepitocercano a la estación que nos salió por unos 75 euros, precio inferior para la media de agosto, aunque sigue sin ser una ganga.

El trato del dueño (Pepito) fue estupendo: estaba todo muy limpio y el desayuno (que el mismo dueño nos preparó en una cocina común) fue perfecto. El único ‘pero’ es que era un tercer piso sin ascensor.

Cefalú es una ciudad con una playa grande y bonita que llama la atención por las viviendas que están pegadas a la arena. Aquí se rodaron muchas de las escenas de la inolvidable ‘Cinema Paradiso’.

Cefalu (Sicilia)

Cefalú tiene unas termas romanas, una catedral antigua, y unas playas estupendas, de las mejores de Sicilia. Ver atardecer en la playa, con esas casitas de pescadores detrás, es indescriptible.

Sin tiempo para saborear mucho Cefalú, nos desplazamos también en tren a la última parada, Palermo, donde nos quedamos tres días. Uno de ellos lo dedicamos por completo a ir a la Reserva del Zingaro, un parque natural que está entre los más bellos de Europa.

En Palermo nos alojamos en Rosella Bianchi, una casa pintoresca de una señora mayor muy simpática y extravagante que vive con unos gatos. No hay que asustarse porque las habitaciones son muy espaciosas y todo está limpísimo, pero al principio lo normal es flipar. Además está muy cerca del centro, lo que es todo un punto a favor.

En Palermo hay mucho que ver. Lo que más se nos quedó en la retina fueron las Catacumbas de los Capuchinos, no recomendables para miedosos. La capilla Palatina, la Martorana, la Catedral, el Palazzo Chiaramonte o el Palazzo dei Normanni son otros de los lugares imprescindibles.

En Palermo se come de lujo en casi cualquier sitio, pero para comer barato y bien (en un sitio típico) recomendamos Antica Focacceria San Francesco. Es un lugar muy popular entre los autóctonos. No nos debemos marchar de allí (o mejor dicho de Sicilia) sin probar un arancini (croqueta redonda de pasta de arroz).

Para el penúltimo día dejamos la excursión a la Reserva del Zingaro (Riserva naturale dello Zingaro), a la que se puede llegar desde Palermo cogiendo un par de autobuses, aunque lo mejor es el coche. Si optamos por el autobús hay que coger uno hasta Castellammare y desde ahí otro al Zingaro. Aquí hay más información.

Hay dos entradas: una desde Scopello y otra desde San Vito Lo Capo. En ambos casos, si vamos en coche, hay que dejarlo en los aparcamientos y luego no hay otra opción que la de andar y andar.

Nos esperan largos senderos, grutas y calas de película que parecen no acabar nunca, por lo que recomendamos llegar pronto y estar todo el día. La entrada cuesta 5 euros que quedan totalmente amortizados por las fotos que sacamos y las imágenes que quedan grabadas a fuego.

Es imprescindible llevar comida y agua para comer allí en las zonas de picnic porque dentro no hay bares ni restaurantes. Algunos viajeros no lo saben y luego se llevan la sorpresa.

Muy cansados pero felices regresamos a Palermo. Nos duchamos y disfrutamos de la última noche con una vuelta y una cena tranquila, hablando de lo enamorados que nos había dejado Sicilia, una isla que deja huella y que sin constar de la misma publicidad que otras zonas de Italia no tiene nada que envidiarlas.

Arturo Carretero
Trabajando para Republica.com y dedicando parte de mi tiempo libre a Viajealsol.com. Amante de los viajes, los deportes y el ocio en general