Viajes

Guía y consejos para viajar a Bélgica: Bruselas, Gante y Brujas

Hace más de seis años y medio hicimos nuestro primer viaje (o escapada) juntos fuera de España. Nuestro destino fue Bélgica y visitamos Bruselas, Gante y Brujas en apenas cuatro días (y tres noches), tiempo suficiente a nuestro juicio para conocer esas ciudades, aunque nos hubiese gustado estar más, claro está.

Vamos ahora a rememorar ese viaje, ya que por aquel entonces no teníamos blog, así que esperamos no olvidarnos de nada y que algunos sitios de los que vamos a hablar sigan en pie. Asimismo, os pedimos disculpas porque la calidad de algunas de las fotos no es la mejor.

Decidimos viajar en avión desde Madrid a Bruselas y viceversa con Ryanair, cogiendo el avión más madrugador a la ida y el más tardío a la vuelta para aprovechar el tiempo. La irlandesa es todavía la compañía que ofrece tarifas más bajas, aunque también se encuentran buenos precios con Brussels Airlines.

Nuestro plan, una vez visto Bruselas, fue desplazarnos a Gante y Brujas en tren para luego regresar a la capital belga y volver a Madrid. En cada ciudad nos quedamos una noche, aunque hay quién establece su cuartel general en Bruselas y de ahí se va moviendo. Cuestión de gustos.

En concreto, fuimos del 31 de octubre al 3 de noviembre, coincidiendo con el Puente de Todos los Santos y, pese a ello, los precios no fueron excesivamente elevados, pero tampoco una ganga. Sin embargo, Bélgica es uno de los países más económicos de Europa (si sumamos todos los gastos) para visitar durante todo el año.

Alojamiento

Alojarse en Bélgica no es, en general, caro, y los precios son similares a los de España. Lo mejor, como siempre, es buscar con antelación y comparar mucho.

En Bruselas nos hospedamos en el Aris Grand Place Hotel de tres estrellas y la noche nos salió a 61 euros. El establecimiento se encuentra a menos de 100 metros de la Grand Place y a solo 300 metros de la estación central de Bruselas y de la estación de metro de Beurs (Bourse), así que para nosotros era genial en todos lo sentidos. La habitación era correcta por el precio que pagamos.

En Gante por su parte nos alojamos en el Ibis Gent Centrum St. Baafs Kathedraal, de tres estrellas, ubicado en el centro. Fue sin duda el mejor hotel de los tres por que era el más moderno y tenía unas preciosas vistas. La noche nos salió entonces por 82 euros y hemos comprobado que para las mismas fechas este año está a 79, por lo que los precios se han mantenido. Eso sí, la estación de tren principal está aproximadamente a 2 km, por lo que si no os apetece andar como a nosotros, lo mejor para llega al casco histórico es el tranvía.

En Brujas optamos para dormir por el Hotel Graaf Van Vlaanderen. En ese momento vimos que no tenía muy malas opiniones y que estaba bien ubicado, cerca del centro y la estación de tren, pero, sinceramente, no era gran cosa. Primero tuvimos que recoger las llaves en un restaurante, por el que se accedía al alojamiento. No había ascensor, había que subir muchas escaleras (era un tercer piso) a través de un espacio minúsculo y la habitación dejaba bastante que desear. Además, la limpieza tampoco era una maravilla. Pero éramos más jóvenes y, sinceramente, no mirábamos las cosas tanto como ahora. A día de hoy no repetiríamos. Si lleváis un precio ajustado, quizás haya mejores opciones algo más lejos del centro. Nos costó 70 euros la estancia y los precios no han variado casi nada.

Desplazamientos

Aunque en el entorno urbano de Bélgica una gran parte de la gente se desplaza en bici, y nuestra intención fuese alquilar un par, la lluvia y el mal tiempo hicieron que la mayoría del tiempo lo pasásemos caminando de un lado para otro (con nuestra capucha bien puesta). De hecho, en cuanto a transporte en las ciudades, solo cogimos el metro en Bruselas para desplazarnos de la estación de Bruxelles-Midi (Bruselas Sur) en la que nos dejó el autobús que venía del aeropuerto a nuestro hotel y para ir al Atomium.

Como en muchas ciudades europeas, debéis validar siempre el billete antes de entrar, aunque no haya tornos, si queréis evitar que os multen.

El billete sencillo para el metro de Bruselas cuesta unos 2,10 euros y el billete de cinco viajes 8 euros, por lo que si estáis solo un día es probable que sea lo más económico. También hay un billete de diez viajes por 13 euros y un billete de 24 horas (sin límite) por 7,50 euros. En esta web nos informan muy bien de todo.

En cuanto a la forma de llegar del aeropuerto (en nuestro caso Charleroi, donde opera Ryanair) hasta el centro de Bruselas, lo mejor es el autobús, que parte desde allí mismo hasta la ya citada Bruxelles-Midi. Es la mejor opción. El trayecto es de una hora más o menos y salen cada 30 minutos.

El precio del billete de solo ida es de 17 euros y el de ida y vuelta es de 34, sin ahorro de por medio. El billete puede adquirirse en la terminal o en el mismo autobús, pero os recomendarlos comprarlo de forma anticipada en su web. Ahorraréis dos euros y aseguraréis asiento.

A la hora de tomar el autobús de vuelta es recomendable llegar al menos con 15 minutos de antelación a Bruxelles-Midi, ya que suele haber cola y los autobuses se llenan casi siempre. Lo importante es estar en la parada mínimo con 3 horas de diferencia a la salida del vuelo.

También está la alternativa del tren. El trayecto es bastante más largo y vale 9,50 euros, pero hay que combinarlo con un autobús desde la estación de Charleroi al aeropuerto y viceversa.  El billete combinado de autobús y tren desde Bruselas cuesta14 euros.

También está la opción del taxi, pero os dejaréis bastante dinero más (de 90 a 100 para arriba dependiendo si pactáis o no el precio).

Para ubicaros, la estación central de Bruselas está muy cerca de la Grand Place, en el centro. Así, desde Bruxelles-Midi hasta allí nosotros cogimos la línea 3 de metro desde Zuidstation hasta Beurs, pero hay varias opciones, como por ejemplo llegar directamente desde Bruxelles-Midi hasta la estación central en cercanías.

En cuanto a los desplazamientos desde Bruselas hasta Gante y Brujas lo mejor es el tren. Se puede comprar directamente en la web de la SNCB (Sociedad Nacional de los Ferrocarriles Belgas). De Bruselas a Gante el billete cuesta unos 9 euros y el trayecto dura poco menos de 40 minutos.

En la misma web podemos comprar también el tren de Gante a Brujas, que cuesta 6,60 euros y cuyo trayecto dura entre 20 y 35 minutos más o menos, dependiendo del tren.

De Brujas a Bruselas, ya de vuelta, el billete cuesta 14,10 euros y el trayecto dura poco más de una hora.

Para nosotros este es la mejor forma para ver las tres ciudades en cuatro días, pero también hay otras alternativas, claro está.

Qué ver en Bruselas

¿Y qué podemos ver en Bruselas en un día? Pues prácticamente todo lo importante. Con 24 horas hay tiempo suficiente, aunque para ello es recomendable que el avión llegue pronto a la ciudad para aprovechar más si vamos a desplazarnos al día siguiente hasta Gante u otro lugar.

Lo más popular de Bruselas es La Grand Place, un clásico imprescindible y sin duda una de las plazas más bonitas de Europa. Admirar la gran cantidad de fachadas góticas, siendo las del Museo de la Ciudad de Bruselas y la torre del Hôtel de Ville las más destacadas, es ya un espectáculo en sí. Si tenéis tiempo (y dinero) aprovechad para degustar un café mientras contempláis la plaza. Es maravillosa.

Otro clásico es el Manneken-Pis, la estatua del niño ‘meón’, en realidad  el ‘hombrecito que orina’. Hecha en bronce y de solo 61 centímetros de altura es una de las atracciones más importantes de la ciudad, aunque en persona no llama tanto la atención. Está muy cerca de la Grand Place, así que podemos ir andando.

Otro lugar que no debemos perdernos es el Atomium. No está en el centro de la ciudad, pero está muy cerca, en el parque de Heysel (la parada más cercana tiene ese nombre), aunque vais a tener que coger transporte. Este icono de la ciudad se creó para la Exposición Universal de 1958 y mide mide 102 metros de altura. Al atardecer es más bonito si cabe. Hay que calcular unos 40 minutos para llegar hasta allí desde el centro.

También importantes son la Place Royale, una elegante plaza de estilo neoclásico que está rodeada del palacio Real, el Parlamento belga y el palacio de Justicia, y el parc de Bruxelles, lugar ideal para relajarse. En su día fue coto de caza de los reyes de Bélgica y ahora es el sitio idóneo para el descanso de los autóctonos y los turistas.

Lo mejor es comenzar el día en el mirador del Mont des Arts (metro Gare Central), que es por así decirlo ‘la puerta de entrada’ al casco antiguo, y que ofrece unas bonitas vistas, y desde ahí ir haciendo las paradas que os señalamos anteriormente. Excepto el Atomium, todo está a vuestro alcance andando (si no os importa andar, claro).

No nos podemos ir de Bruselas sin ver la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula y la iglesia de Notre Dame du Sablon.

Y por último, no está de más ver la Grand Place de noche, paseando también por sus calles aledañas, porque es uno de los mejores recuerdos que os llevaréis de Bruselas. Allí reside (casi) todo su encanto.

En cuanto a lo que se refiere a ocio, un lugar que a nosotros nos encantó y que os gustará si sois fans de la cerveza es el Delirium Café. De obligada visita, es mejor ir entre semana (si podemos elegir). Tienen una carta de cervezas colosal (una de las mejores del mundo) y el servicio es muy bueno, aunque a veces toque esperar un poco.

Otra cervecería que nos encantó fue Poechenellekelder. La carta de cervezas no es tan extensa, pero el lugar es de lo más acogedor, además de curioso.

En cuanto a la comida, si os somos sinceros, tiramos de gofres, muchas patatas fritas o ‘frites’ (que están por todos lados y raro el sitio en el que no están buenas) y chocolates a más no poder. Las mejores ‘frites’ las tomamos en un sitio indeterminado cerca del Manneken-Pis, donde casualmente tomamos también uno de los mejores chocolates. De estos últimos, nos encantaron los de Neuhaus y Leonidas, pero los de Mary y Chocopolis (donde no tuvimos el gusto de comprar) dicen que son divinos. Realmente creemos que es raro equivocarse con esto.

También fuimos a tomar mejillones en cantidades industriales al Grimbergen Cafe. A nosotros nos gustaron bastante, pero nada como los que podemos tomar por el norte de España.

Y si tenéis tiempo tenéis que probar el mitraillette (el ‘metralleta’, que por cierto lo hemos visto en algunos sitios de la Comunidad Valenciana) y que es un bocadillo con carne y patatas, ensalada y salsa (las hay de tipos diferentes). Es una bomba, pero con eso os aseguramos que coméis y es muy barato. Bruselas, y Bélgica en general, están plagados de sitios que venden este tradicional bocadillo y ‘frites’. Combinación brutal.

Sinceramente, y pensándolo, puede que haya sido el viaje donde ‘peor’ (menos sano quizás) hayamos comido, pero todo en general estaba tan rico…Por unos días no pasa nada, ¿verdad?

Rumbo a Gante

Tras un día y medio maravilloso en Bruselas, con alguna lluvia dispersa (llevad paraguas) pusimos rumbo a Gante ya pasado el mediodía. Hay gente que mantiene su cuartel general en un sitio (en este caso Bruselas) y luego va desplazándose de un sitio a otro, pero nosotros preferimos ir de ciudad en ciudad para aprovechar más el tiempo en cada lugar y poder verla también por la noche, disfrutando del ambiente. Es cuestión de gustos.

Si estáis alojados en Bruselas, la mejor opción es pillar el tren a Gante con antelación, como os dijimos anteriormente. El tren se puede coger en varias estaciones (Bruxelles-Midi, Bruxelles-Nord o Bruxelles-Central) en dirección Ostende. La parada en la que toca bajarnos es Gent-Sint-Pieters y el viaje dura unos 36-37 minutos desde la estación central. Desde la estación de Gante podemos coger un tranvía al centro o ir andando, que fue lo que hicimos nosotros. Tardamos en llegar al hotel 25 minutos. Como la maleta que llevábamos era muy ligera y teníamos tiempo incluso lo preferimos. De hecho es algo que nos suele gustar.

Una vez dejamos las cosas (la foto de abajo son las vistas desde nuestra habitación), nos dispusimos a ver el centro de la ciudad. Y no exageramos si decimos que desde ese momento en el que llegamos a Korenmarkt (la principal plaza) y vimos, entre otras cosas, la Iglesia de San Nicolás, del siglo XIII, nos enamoramos para siempre de la ciudad, que pasó a ser una de nuestras preferidas (en el top 5 sin duda).

Justo enfrente de la iglesia de San Nicolás está el campanario de Gante, la torre Belfort, construido del siglo XIV. Tiene una altura de 91 metros. A lo largo del tiempo, ha servido como campanario para anunciar la hora y hacer avisos, pero también como torre de vigilancia fortificada. Desde aquí se pueden ver las mejores vistas de la ciudad, previo pago de 8 euros, y además hay ascensor.

Solo a cinco minutos de allí tenemos la Catedral de San Bavón, con elementos característicos del gótico, barroco y románico. En ella tuvo lugar el bautismo de Carlos V.

Pero la ‘estrella’ de la ciudad son sin duda son los muelles de Graslei (muelle de los herboristas, al este) y Korenlei (muelle de los graneros, al oeste) y el puente de San Miguel, por encima del río Lys (el otro río de Gante es el Escada). Toda esa zona de cuento, el paseo por los diversos canales, es genial y nos transporta a otra época. La vimos de día, por la tarde y por la noche y es imposible cansarse.

Otro de los sitios top es el castillo de los Condes de Flandes o Gravensteen, una fortaleza defensiva muy bien conservada, construida en el siglo XII por Felipe de Alsacia y al que no entramos, la verdad, porque nos dijeron que valía más verlo por fuera que por dentro.

Y estas son las cosas principales de Gante, aunque lo que de verdad está genial es pasear y pasear por la ciudad sin prisa.

En Gante solo estuvimos un día y apenas paramos para comer. Os diríamos que probamos maravillas gastronómicas, pero os mentiríamos. Comimos de hecho en un McDonalds en Korenmarkt para salir del paso y por la noche, sin un alma en la calle (a las nueve todo el mundo había huido), nos hinchamos a frites en Frituut Her Puntzakje. También tomamos unos palitos de mozzarella y una hamburguesa regulera. Años después hemos visto en internet (ahora, en concreto) que no es gran cosa, algo que ya sabíamos, pero nos sirvió para salir del paso y no fue caro. Si no somos sibaritas, por 7 euros podemos comer perfectamente.

Última parada: Brujas

Tras una noche reparadora, pusimos rumbo a Brujas, otra de esas ciudades de cuento. Aunque está más masificada que Bruselas y Gante, no está al nivel de Praga, por poner un ejemplo popular. Aún así, es preferible evitar la temporada alta e ir en otro momento.

Nosotros, aún siendo finales de octubre, encontramos bastante gente, pero la lluvia fina que nos acompañó durante todo el día espantó a mucho turista y pudimos ver todo bastante bien.

Brujas posee muchos atractivos, pero el principal es pasear por sus canales, sin prisas de tener que ver todo en una tarde. Por eso recomendamos pasar allí la noche, aunque como ya dijimos, es una cuestión muy personal.

El mayor atractivo de Brujas es el centro histórico, uno de los más bonitos del mundo, con sus canales que hacen que sea conocida como la Venecia del norte.

Lo primero que vimos fue Grote Markt (Plaza del Mercado), con sus casas de color de la época medieval en la que sobresale el campanario del siglo XII (el Belfort de Brujas), al que se puede subir para ver unas vistas maravillosas por 8 euros. Justo en ese momento la lluvia arreciaba y aún así disfrutamos bastante, a lo que contribuye que sea peatonal casi toda la zona.

Mención aparte merecen el edificio del Palacio Provincial, la Plaza del Burg, otra plaza con encanto que fue en su día una fortaleza, y el Ayuntamiento de Brujas, del siglo XIV, que consta de dos salas preciosas: la sala gótica y la sala histórica.

A 15 minutos a pie está el Beaterio, muy cerca del parque Minnewater (un parque muy chulo con cisnes donde se encuentra el lago del amor), otro de lugares imprescindibles de Brujas, que no es otra cosa con un monasterio benedictino que se remonta al siglo XIII. Es básicamente un recinto bordeado por una treintena de casitas de beguinas (beatas que forman parte de la comunidad religiosa) cuya antigüedad se remonta en algunas construcciones al siglo XV. Todo ello rodeado de árboles que le dan un aire místico (y precioso) al conjunto.

Tampoco debemos dejar de ver las Casas de Caridad que se encuentran por todos lados del centro. Son casas blancas y pequeñas que constan de patio y que fueron construidas por burgueses y gente de clase alta durante el siglo XIV para dar cobijo a gente mayor o enferma simplemente por caridad, aunque también para salvar sus almas en plan postureo. Cada casa tiene su capilla y tiene el nombre de la familia en la puerta.

Y por supuesto, ¿qué seria de Brujas sin sus canales? Lo mejor, como os hemos dicho es pasear por ellos, a poder ser de día y de noche, cuando su encanto se acrecienta (y además no hay nadie por la calle).

Podéis recorrerlos en barca y la oferta es amplia, así que con eso no tendréis problemas, aunque el horario para hacerlo es hasta las 18 horas. El precio suele ser de 8 euros por persona, aunque hay quién intenta negociarlo.

El rincón del Puente de San Bonifacio es uno de los sitios sin duda más bonitos (y fotografiados) del recorrido, detrás de la Iglesia de Nuestra Señora, otro de los sitios importantes, aunque sea solo porque dentro está la Madonna de Brujas, realizada por Miguel Ángel en 1504. El otro sitio religioso a recalcar es la Catedral de San Salvador, la iglesia más antigua de Brujas.

Pero volviendo a los canales, incidimos de nuevo en que no os los perdáis y no os vayáis sin ver sobre todo el Muelle del Rosario, el más famoso de la ciudad, con los edificios al pie del Rijver. La foto allí es imprescindible y uno se transporta a la Edad Media, sobre todo por la noche. La pena es que todas las fotos que hicimos nocturnas nos salieron movidas porque se nos acabó la batería de la cámara y tuvimos que recurrir al móvil (que no era como los de ahora).

Brujas es muy turística y eso es bueno y malo a la hora de comer. Todo está bastante lleno, pero se puede comer por un precio razonable porque hay mucho menú del día. Nosotros caímos en uno de esos sitios, con calidad básica (os mentiríamos si os dijésemos el nombre porque no nos acordamos) y pagamos 12 euros por persona (pensar que fue hace ya seis años). No tuvimos queja de ningún tipo.

Por la tarde fuimos a la cervecería De Halve Maan, un clásico de Brujas, donde se fabrica de forma artesanal la Brugse Zot, la más conocida en Brujas. Probarla es casi una obligación y el sitio está muy chulo. También hay un tour en el que te cuentan bastantes cosas. Cuesta 12 euros y dura unos 45 minutos, aunque nosotros no lo hicimos.

Otra de las cervecerías chulas es La Trappiste, que nos gustó incluso más, situado en un sótano que parece sacado de la edad media (tipo catacumbas) y con una buena variedad de cervezas. Además tienen buena música.

También merecen mucho la pena el 2be Beer Wall (el de la foto), que nos encantó, y el T’ Brugsch Bieratelier. De cenar no sabemos, porque bebimos bastantes cervezas y luego pillamos en un sitio indeterminado una hamburguesa, pero no nos acordamos jeje…Como veis, el tiempo no pasa en balde.

Esperemos que hayáis disfrutado la guía y que por favor, si nos hemos equivocado, nos aviséis, ya que no es fácil hacer un post así después de tanto tiempo. ¡Hasta la próxima!

Arturo Carretero
Trabajando para Republica.com y dedicando parte de mi tiempo libre a Viajealsol.com. Amante de los viajes, los deportes y el ocio en general