Viajes

Guía y consejos para visitar Dubrovnik, la perla de Croacia

Tras ver Zagreb, los lagos de Plitvice, Split y Mostar (esta última ciudad en Bosnia), llegó el turno de ir a Dubrovnik, la antigua Ragusa, que era uno de los sitios que más ganas teníamos de visitar en nuestro viaje por Europa.

Dubrovnik, la perla del Adriático, al sur de Croacia, es una de las ciudades más turísticas de Europa y en eso precisamente está uno de sus handicaps, que sin embargo queda relegado a un segundo plano por su belleza. Su ubicación privilegiada junto al mar y el hecho de que esté rodeada de murallas y edificaciones, al pie de la montaña de San Sergio, con sus preciosas casas de tejados rojos (rosas o naranjas, según como se vea) es una maravilla.

Sobrecoge pensar que hace no mucho, en 1991, fue una de las ciudades más castigadas por la guerra de Croacia. El 6 diciembre de ese año, los yugoslavos, a los que no les hizo gracia que Dubrovnik quisiese formar parte de la república libre de Croacia, lanzaron más de 2.000 bombas sobre la ciudad. El objetivo era anexionar Dubrovnik a la ‘Gran Serbia’ fuese como fuese. El resultado fue catastrófico para la ciudad. Uno de cada tres edificios fueron destruidos (y luego reconstruidos afortunadamente), pero las murallas apenas sufrieron daños…Y de aquí hasta nuestros días, en los que Dubrovnik se ha convertido en una ciudad próspera y turística.

Aunque la ciudad antigua (la zona que hay que ver) es bastante reducida, Dubrovnik, se extiende varios kilómetros, ocupando las laderas de las montañas, hasta llegar al mar. Y ese, el estar rodeado de naturaleza, es uno de sus mayores atractivos.

De Mostar a Dubrovnik

Nosotros llegamos a Dubrovnik en autobús desde Mostar, aunque se puede llegar muy bien desde Split en el mismo transporte o desde las islas en barco. Por tierra, eso sí, no busquéis llegar en tren porque no hay. Lo mejor es coche propio o autobús, comprando el billete con antelación en Get By Bus. El billete desde Mostar nos costó unos 16 euros y el trayecto fue de unas tres horas y media con un tramo final que incluía una estrecha carretera en la que el conductor de autobús demostró sus habilidades como piloto de rally al borde de un bonito acantilado.

Si para otras ciudades en Croacia encontramos alojamiento ‘sin problemas’, en Dubrovnik la cosa estuvo más complicada. Encontrar algo cerca del centro en verano (en julio) que estuviese bien de precio y fuese decente fue una tarea ardua.

Tras mirar mucho (y cuando decimos mucho es muchísimo) encontramos una casa que estaba a unos 30 minutos de la estación de autobuses (y del puerto nuevo, ya que están al lado) y a 30 minutos del centro andando (mucho menos en autobús) y a la que había que llegar tras subir innumerables escaleras que nos hicieron sudar de lo lindo, más después de un viaje en autobús (¡la aventura de viajar!). Nos salió por 120 euros (60 la noche) y se trataba de un pequeño apartamento, tipo chalet adosado (Dino and Jele Apartments) que era muy agradable.

Eso sí, mejor ir con Google Maps o un mapa descargado en el móvil porque la posibilidad de perderse es grande. Además (por si vais en coche) el alojamiento no incluye aparcamiento y todo el barrio está lleno de estacionamientos de pago. El caso es que es lo mejor que encontramos ajustado a nuestro presupuesto y decidimos ir andando a todos sitios.

En cualquier caso, otra opción, si os da igual lo de tener baño privado por ejemplo, es mirar las habitaciones que se alquilan por el centro. Suelen ser económicas. Los hoteles son muy caros y la mayoría están alejados del casco urbano. Los cercanos al mismo son prohibitivos directamente.

¿Qué hay que ver?

Dubrovnik es una ciudad que podemos ver perfectamente en un día. Recorrer su centro histórico y sus murallas pueden ser suficiente para disfrutar de la ciudad, pero al ser la última etapa del viaje preferimos ver todo de una forma relajada y quedarnos allí dos días.

Las murallas son la joya de la ciudad. La entrada general cuesta unos 16 euros al cambio y nos costará una hora y media o dos horas recorrerlas, según lo que paremos (fotos incluidas).

Es importante subrayar que en verano hace un calor de espanto, por lo que si se pueden evitar las horas ‘más duras’ para andar mucho mejor.

La entrada principal es por la puerta de Pile, la principal a la ciudad antigua, aunque hay otra al pie de la torre del Reloj, cerca de la puerta de Ploce.

Las murallas de la ciudad que se conservan fueron construidas entre el siglo XII y XVI, con diversas transformaciones, y suman 1.940 metros en total.

Desde las murallas, que servirán para que tengamos una perspectiva de la ciudad antigua, podremos ver tejados del mismo color pero de diferente tono. La explicación está en que después de la guerra hubo que reconstruir muchos tejados y la fábrica en la que se hicieron las tejas originalmente, en la vecina Kupari, había cerrado. Se encargaron a Francia, en concreto a Toulouse, y como comprobaréis en persona el color no es el mismo que el original. Las originales eran más color miel y las francesas más tirando a rosa. Aún así, la vista es preciosa.

Desde las murallas, podréis ver el fuerte de San Juan, que protegía la entrada al puerto antaño, y también llamará vuestra atención la Torre Minčeta, el punto más prominente en el sistema de defensa hacia el exterior y el más alto de las murallas.

Es probable que antes de subir a las murallas, ya hayamos echado un vistazo a Stradun o Placa, la calle principal de la ciudad antigua, situada entre la puerta de Pile y el puerto, con la torre del Reloj al fondo. Solo observar los colores, las construcciones y caminar como si estuviésemos en la antigüedad es una delicia (cuantos menos turistas, mayor será la inmersión).

Al principio de Placa tenemos la Fuente de Onofrio, a la altura de la puerta de la iglesia del convento de los Franciscanos.

Al otro lado de la ciudad antigua, cerca del puerto y la puerta de Ploce, hay que destacar la iglesia, el claustro y el museo del convento de los Dominicos.

En el cogollo de la ciudad antigua, la columna de Roldán, el caballero francés de la Edad Media, se sitúa majestuosa entre el palacio Sponza, una maravilla mezcla de gótico y renancentista, y la iglesia de San Blas.

A la derecha del palacio Sponza tenemos la torre del Reloj, que vemos desde diferentes puntos y aparece en muchas de las fotos de Dubrovnik.

Mención aparte merece también el Palacio de los Rectores, construido como sede del gobierno y residencia del príncipe, el más alto cargo político en la época en la que Dubrovnik fue una república independiente.

En esa misma zona, nos quedaría por ver la Plaza Zelena, enfrente del Palacio de los Rectores, donde todos los días hay mercadillo, y la Catedral, de estilo barroco y renacida de sus cenizas tras un terremoto de 1667.

En la zona sur no debemos dejar de ver la Iglesia de los jesuitas o San Ignacio y las impresionantes escaleras que suben hasta ella, que harán las delicias de los fans de ‘Juego de Tronos’. Y es que, por esta escalinata bajó Cersei al final de la temporada 5 de la serie, desnuda, insultada y maltratada por el pueblo al grito de “shame” (vergüenza). Así tuvo que andar hasta la Fortaleza Roja…Casi nada.

Fuera de la ciudad antigua, podemos ver las antiguas residencias de verano de la nobleza en Gruz, el barrio en el que está el nuevo puerto de Dubrovnik, donde está la estación de autobuses. Y también podemos ir a las playas, si se pueden llamar así, porque son enanas y no les vemos gran atractivo. La mejor y más accesible está a 200 metros del puerto, saliendo por la puerta Ploce. No obstante, nadie visita Dubrovnik por sus playas.

Si no, siempre nos podemos acercar a la pequeña isla de Lokrum partiendo desde el puerto viejo en barco. El trayecto son unos 15 minutos y cuesta unos 6 euros al cambio. Allí no hay construcciones ni población, pero sirve para dar un relajante paseo y ver entre otras cosas su monasterio benedictino del siglo XII.

Sitios para comer y algún consejo más

Dubrovnik es una ciudad muy especial, pero también muy cara. Tenemos que tener cuidado sobre todo a la hora de comer. Los timos gastronómicos dentro de las murallas se multiplican y no parece que nadie vaya a frenarlos. Es importante si nos sentamos en algún sitio de dentro de las fortificaciones que nos cercioremos de que los precios vienen con todo incluido y si no preguntar. Muchas veces no incluyen el “servicio”, el “cubierto” y demás inventos y el disgusto puede ser gordo.

Ojo a la gente que os intenta captar en la calle para disfrutar de su magnífico menú. Muchos no son de fiar y les importan bien poco las opiniones negativas en internet.

Lo mejor es comer fuera del centro, o comer en algún sitio recomendado, pero en cualquier caso hay que extremar las precauciones.

¿Sitios que recomendemos? Los más baratos y modestos; el Buffet Skola, en el centro, que hace bocadillos por unos 4 euros al cambio. Está en un pasaje que da a la placa. El pan está increíble y el jamón y el queso de la zona también. Comimos a gusto y sin presiones.

También nos recomendaron en cuanto a calidad/precio el Express, que no tuvimos el gusto de probar.

Y no os decimos más, porque cenamos en uno de los muchos sitios del centro la primera noche que llovía a cántaros, más por resguardarnos que por otra cosa, y aunque no fue un timo (aunque el precio del servicio venía también oculto) la comida no era gran cosa. Y si somos sinceros, hemos olvidado su nombre.

¿Otra opción? Ir al supermercado, un clásico. Además, quizás a estas alturas de viaje vuestra cartera ya está temblando.

Ojo también al calor en verano. Es de sentido común, pero las insolaciones en Dubrovnik están a la orden del día. Agua embotellada, gorra, crema…

Y por supuesto, las chanclas en Dubrovnik están prohibidas (no es literal) porque el suelo de piedra escurre muchísimo, más si cabe si andamos por las murallas y subimos y bajamos cuestas. Nosotros en dos horas vimos dos buenos trastazos.

Por último, otro consejo. Si tenéis que ir al aeropuerto de Dubrovnik, salir con tiempo. No sabemos lo que pasa en otras épocas del año, pero en verano es un caos. Se tarda media hora en llegar por una carretera del infierno estrecha y con bastante tráfico. Una vez llegamos nos esperan largas colas y esperas en unas instalaciones muy pequeñas para el tráfico que tienen.

Nos recomendaron que cogiésemos el autobús al aeropuerto tres horas antes del vuelo y si pasan unos minutos más no embarcamos. Norwegian, la compañía con la que viajamos de vuelta a España, no nos dejó imprimir la tarjeta de embarque con antelación y al tenerlo que hacer todo en el aeropuerto fue bastante desesperante. Sin duda es el aeropuerto más caótico que hemos visto.

Por cierto, el billete en autobús al aeropuerto lo podéis comprar en la estación de autobuses en el horario que queráis. Mejor con antelación.

Y esta fue nuestra última parada en Croacia. Te dejamos a continuación los enlaces de todos los lugares que visitamos en el país (incluido nuestra escapada a Mostar en Bosnia). ¡A disfrutar!

Zagreb

Lagos de Plitvice

Split

Mostar

Arturo Carretero
Trabajando para Republica.com y dedicando parte de mi tiempo libre a Viajealsol.com. Amante de los viajes, los deportes y el ocio en general