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Guía de Mostar, la joya de Bosnia

Mostar, en Bosnia, es un lugar que está marcado por la guerra. Y es que, más de dos décadas después, el conflicto que desangró al país sigue estando muy presente en cada rincón. Es una ciudad que impacta y enamora al mismo tiempo que sobrecoge.

Mostar es junto a Sarajevo la ciudad más turística del país y un lugar al que muchos acuden aprovechando su viaje por Croacia, como fue nuestro caso. ¿Merece la pena desviarse de la ruta? Rotundamente sí.

La ciudad sobrevivió a un infierno en la guerra de Bosnia, enmarcada dentro de la guerra de los Balcanes, y ha vuelto a resurgir (o mejor dicho, está resurgiendo) gracias a la ayuda internacional y a la fe de sus ciudadanos, entre los que podemos distinguir bosníacos (bosnios musulmanes), bosnios croatas (católicos) y bosnios serbios, aunque estos últimos son ya un grupo muy reducido en Mostar (ortodoxos).

Una huella imborrable

Más de veinte años después, son muchos los ciudadanos que todavía no han olvidado el horror. Tampoco quieren hacerlo, a pesar de que todos miran hacía adelante.

Los impactos de balas siguen marcando los edificios abandonados y el ‘Dont´t forget 93’ pintado en las rocas y ladrillos sirven para que la población no se olvide de lo sucedido y no se repitan los errores del pasado.

Sin embargo, a pesar de que quedan algunas rencillas, lo que más preocupa ahora a la población es la alta tasa de paro y la corrupción política de un país caótico a nivel político.

Para el visitante es imposible entender una ciudad multicultural como Mostar sin saber la historia que marcó parte de los años 90, que empezó con la desintegración de la Yugoslavia y que estalló tras el referéndum de independencia de Bosnia, boicoteado por los serbios, que literalmente querían controlarlo todo.

Primero, bosníacos y croatas se unieron para echar a los serbios, que querían formar una gran nación, pero una vez lo consiguieron se enzarzaron en una guerra por tomar el mando de la ciudad.

Un complejo conflicto

Huellas de la guerra en Bosnia

Para explicar a fondo el conflicto, que provocó cerca de 100 000 víctimas y 1,8 millones de desplazados, además de incalculables daños materiales, nos haría falta más de un post. No en vano es una de las guerras más complicadas de entender, en las que se mezclan incontables factores. Por ello os animamos a leer el blog de ‘Mochileando por el mundo’, en el que explican todo a la perfección.

Tras años de guerra, la ONU intervino y puso fin al conflicto en 1995 tras los acuerdos de Dayton. Bosnia entonces se dividió en dos entidades autónomas: la federación de Bosnia y Herzegovina (donde está Mostar) y la Republica Srpska.

Nuestro día en Mostar

Y ahora sí, conociendo el contexto, que os hemos intentado resumir, no sabemos si con mucho éxito, vamos con nuestra experiencia. Nosotros pasamos en Mostar un día y una noche. Llegamos a la ciudad desde Split (Croacia) en autobús. Era la penúltima parada de un viaje por Europa que empezamos en Berlín (Alemania) y que íbamos a terminar en Dubrovnik (Croacia).

Los billetes los compramos a través de GetBuyBus.com con unas semanas de antelación y los llevamos impresos. Las opiniones de la web son en general muy positivas y nos evitan tener que estar luego con líos. Lo mismo hicimos con el billete de vuelta que nos llevaba de Mostar a Dubrovnik al día siguiente. Cada billete nos costó 16 euros aproximadamente por persona, tanto el billete Split-Mostar como el Mostar-Dubrovnik.

El autobús no era nada del otro mundo y como muchos servicios de autobús en Croacia, tuvimos que pagar un euro de suplemento al conductor a la hora de guardar las maletas.

Hotel Neretva en Mostar

El trayecto duró aproximadamente cuatro horas, pero lo cierto es que pasamos bastante tiempo en la frontera entre Croacia y Bosnia porque estuvieron mirando bastante los pasaportes, algo que nos sorprendió. En todo caso es recomendable llevar DNI y pasaporte, las dos cosas.

Alojamiento

Una vez en la estación de autobuses de Mostar (parte este) fuimos andando hasta nuestro alojamiento. Apenas había 800 metros. Nuestra recomendación es de todas formas bajarnos alguna app de mapas sin conexión por si queremos echar un vistazo y no queremos tirar de los datos del móvil.

Nos alojamos en el Apartments & Hostel Zdrava Hrana, de calidad justa pero decente para pasar la noche. La dueña era simpática y la habitación estaba limpia. Lo malo era que el baño estaba prácticamente metido en la habitación y la ducha no tenía cortina, con lo cual el agua se salía.

La ubicación del alojamiento tampoco es que estuviese muy iluminada por la noche, pero en Mostar no sobran las farolas precisamente y los sitios oscuros abundan. Por los 20 euros que pagamos por la estancia tampoco podíamos pedir más. Tenía además wifi y una pequeña nevera en la que metimos un par de refrescos.

Si vamos con el dinero justo es una buena opción. Si no, hay hoteles de cuatro estrellas desde 50-60 euros la noche y el nivel, obviamente, es otro. En Mostar los precios son bajos, pero no son sinónimo de lujo. Ya lo sabíamos antes de ir y no nos importaba. Los viajes son aventuras en todos los sentidos.

La ciudad vieja

Orfebre en Mostar

Tras dejar las maletas, lo primero que hicimos fue ir hacia la parte antigua de la ciudad. En el camino nos llamó poderosamente la atención la cantidad de edificios abandonados o medio derruidos, que contrastaban con otros nuevos y reformados.

Uno de esos lugares destrozados es el antiguo Hotel Neretva, que está tal cual lo dejó la guerra, para que nadie olvide. Lo mismo sucede con el Palacio de Tito o el edificio que los turistas llaman The Snipe Tower. Este último, cerca de la plaza España, fue la sede de un banco y sirvió a los francotiradores para disparar desde una buena posición en la guerra. Desde allí veían todo. Llama la atención por su gran tamaño y ahora lo utilizan los artistas urbanos a modo de galería. Es posible meterse dentro, pero mejor por el día, ya que por la noche puede resultar peligroso y nos podemos llevar un susto. Y ojo con los pies porque está lleno de cristales y escombros.

Calle de la ciudad vieja
Calle de la ciudad vieja

Retomando nuestro camino, llegamos a la ciudad vieja (Stari Grad). Y en pocas palabras es espectacular. Calles adoquinadas, pequeños puestos de artesanía, tiendas de antiguedades…Y al final el Stari Most, símbolo de la guerra (que podemos ver en la imagen principal de este post).

Destruido y luego reconstruido, el puente es lo más espectacular de la ciudad. Hay que verlo desde todos los puntos de vista posibles, incluidos desde abajo, junto a la orilla del río Neretva. Es una de las razones, sino la principal, por la que visitamos Mostar. Y hay que contemplarlo de día y de noche.

Eso sí, como os recomendaremos más adelante, más vale andar con cuidado. Resbalar en el puente es más que habitual entre los turistas.

Destrucción del puente

El puente, símbolo de unión durante tantos años, y construido en el siglo XVI, fue destruido el 9 de noviembre de 1993 a las 10:15 horasSlobodan Praljak, el comandante del Consejo Croata de Defensa que ordenó su destrucción, se suicidó a finales de noviembre de 2017 ante el tribunal de La Haya que ratificaba su condena a 20 años de prisión por dicha acción y por otros crímenes de guerra.

Por fortuna, el puente fue reconstruido con ayuda del Banco Mundial y la supervisión de la UNESCO y volvió a inaugurarse en 2004.

Además del puente, ver trabajar a los orfebres en el antiguo barrio (también llamado bazar) de Kujundziluk es toda una experiencia. También lo es ver como algunos jóvenes se tiran desde lo alto del puente al agua (unos 20 metros de altura), eso sí, cuando recaudan el dinero que consideran suficiente entre los turistas. En ocasiones pueden amagar con tirarse varias veces, vacilando al espectador y dejando los riesgos para otro momento.

Una estampa de cuento

Otra de la cosas que no nos debemos perder es el puente pequeño (Kriva Cuprija) que parece salido de un cuento. También fue reconstruido tras la guerra. La estampa, como podéis ver aquí abajo, es impresionante.

Puente pequeño de Mostar (Viaje al Sol)
Puente pequeño de Mostar (Viaje al Sol)

La Casa Turca y el Museo de Mostar también son otras de las visitas que podemos hacer, aunque a nuestro juicio no son imprescindibles. De hecho, del museo, lo más llamativo es el documental en el que se resume la historia de la ciudad en solo diez minutos.

Ver las mezquitas de la ciudad sí es obligatorio. No hace falta que entremos, pero lo mejor es ir viendo sus imponentes estructuras mientras paseamos.

Quizás, la más llamativa (y popular) es la Mezquita Koski Mehmed Pasa, situada a 100 metros del Puente Viejo. La entrada cuesta 5 euros y es de las mejor conservadas. Además, se puede subir al minarete y tiene un pequeño cementerio. Podremos hacer también una buena foto del puente.

Pero Mostar es una ciudad para pasear e incluso para perderse (dentro de su reducido tamaño). La mayoría de gente no sale de la zona de confort que les ofrece la parte turística, pero hacerlo merece la pena porque sirve para contrastar la parte reconstruida, la que sale en las postales, con la realidad de la urbe y con la parte que todavía paga las consecuencias de la guerra.

Los estragos de la guerra

Tampoco debemos irnos sin dar una vuelta por la Plaza de España en Mostar, llamada así en homenaje a los 22 militares españoles y al intérprete caídos en acto de servicio en la misión en el país y que formaban parte de los cascos azules de las Fuerzas de Protección de la ONU. Muy cerca veremos muchos edificios abandonados, víctimas también de la guerra, y paredes y suelos agujereados por los las balas. Impactante.

Plaza de España, en Mostar

Algunos consejos

Turismo aparte, en Mostar no tendremos problemas si llevamos euros. Los aceptan en todos sitios. Lo mismo sucede si llevamos kunas croatas. Así, no es necesario cambiar al marco bosnio, salvo que os haga ilusión. Un euro son casi dos marcos bosnios, por si queréis tener una referencia. Nuestra recomendación siempre es llevar dinero en efectivo. Hay cajeros cuya fiabilidad ponemos en duda.

Respecto a la comida, Mostar, y Bosnia en general, tiene una rica gastronomía fruto de la multiculturalidad. Lo que nos enamoró sin duda fue el cévapi (o cevapcici), comida típica del país. Básicamente es un pan árabe que tiene por dentro salchichas cocidas a la parrilla con cebolla. Suele venir con ensalada y con alguna salsa. También comimos burek, una especie de durum que llevaba carne o queso y para compartir pedimos el mostarski sahan, un plato bosnio que viene con mucha comida. Ideal para probar un poco de todo.

Si os gusta la comida turca os encantarán las tres cosas. En cualquier sitio de la ciudad vieja los harán bien y nos saldrá a buen precio. Nosotros comimos por 5 euros por persona y cenamos por 6. Hay sitios más caros y no sabemos si mejores, obviamente, pero no tuvimos el gusto de ir.

Eso sí, ojo con los platos. En algunos sitios son realmente grandes y salvo que estemos hambrientos es mejor compartir o pedir algo que sepamos que nos podemos comer.

Seguridad en Mostar

Otro de los consejos que os podemos dar es que llevéis buen calzado. Las calles adoquinadas con sandalias, alpargatas o similar pueden ser un sufrimiento, sobre todo a la hora de subir cuestas o cruzar el puente. Se ve a muchísima gente con problemas para ir de un lado a otro. Y ese es otro handicap; para las personas con movilidad reducida, los accesos son inexistentes.

Como en toda ciudad turística, hay que tener cuidado también con lo que compramos en los puestos y tiendas de la ciudad vieja. Lo normal es regatear, pero si nos ven cara de pardillos pueden colarnos algo a un precio superior a lo habitual.

Otro consejo es que evitéis baños públicos como el de la estación de autobuses o similares. Os van a pedir dinero por hacer vuestras necesidades y vuestra experiencia, sobre todo si sois mujeres, no va a ser buena. Lo que vimos nosotros, y nos ceñimos solo a nuestro caso, es una gran estancia con muchos agujeros en un suelo encharcado en el que no había ni rastro de papel higiénico y donde el olor era nauseabundo.

Y una última cosa: Mostar es una ciudad segura en general, pero hay que tener, como en todos los sitios, cuidado con los hurtos, sobre todo en el centro y los sitios poco transitados y oscuros, que como dijimos antes los hay y muchos.

Ahora ya solo os queda disfrutar de una ciudad maravillosa. ¡Feliz viaje!

La huella de la guerra en Mostar

 

Arturo Carretero
Trabajando para Republica.com y dedicando parte de mi tiempo libre a Viajealsol.com. Amante de los viajes, los deportes y el ocio en general